miércoles, 21 de diciembre de 2011

Posible novela...



 Bueno, aquí os dejo el principio de una novela que empecé hace un año, y que dejé aparcada por otra(la cual también tengo aparcada por los estudios XDD). Es solo el principio, comentad por favor.


El mundo es curioso, tan pronto estas en un sitio y por arte de magia, zas, estas en otro lugar. Pues con la vida ocurre lo mismo.
Últimamente no he dejado de pensar en cómo vive la vida el ser humano en la actualidad, pienso en sus comienzos, pienso en sus primeros pasos en la historia, pienso en una época en la que cada momento era vital, una época en la que la diferencia entre vivir o morir la marcaban los actos de cada individuo, pienso en la hermandad que un día existió entre cada uno de sus congéneres, como una única manada. Sin embargo, hoy en día, no hay manada, el humano se preocupa más por las cosas que tiene o que quiere, no importa el dolor del que tienen al lado, solo existen como individuos únicos los cuales consumen sus vidas con pavorosa velocidad en pro de sí mismos. Desde el pequeño obrero, que desgasta su cuerpo para poder pagar un sitio humilde donde vivir, hasta el gran banquero o político, que exprime cada céntimo de cada ciudadano con la promesa del "progreso" por bandera. No es justo.

Hubo un  tiempo en el que  yo no era tan diferente de ese obrero, me dejaba la piel para traer comida a casa. Hay cosas a las que te acostumbras por la fuerza.
Nací en una ciudad costera hace ya...
...bueno, dejémoslo en que la tierra a girado mucho desde entonces.
A los dieciséis años quede huérfano, viví solo desde entonces, y la verdad no recuerdo nada de aquella época, la memoria me viene a partir de los veinticinco años, cuando la conocí a ella, es como si mi vida empezara el día que la encontré. Se llamaba Ágora, ella también era huérfana de padre, que falleció cuando era solo una niña lo suficientemente pequeña como para no recordarlo. Vivía con su madre, la cual también se dejaba la piel para traer alimentos y poder tener un techo, a Ágora le costaba adaptarse a los trabajos que iba consiguiendo, siempre le parecía que los modelos jerárquicos eran injustos, pensaba que seguramente cualquier trabajador de bajo nivel podría hacer el trabajo de el jefe muchísimo mejor que él. Ella era una inconformista, le pasaba como a mí, no se conformaba con cómo eran las cosas, porque la verdad era, que no era justo.
Y como dos gotas de agua que se juntan en un riachuelo, cuyos destinos son acabar en el mar, comenzamos una relación perfecta, cuando ella empezaba una frase, yo la terminaba, era la única persona que me complementaba, sin embargo, con el tiempo descubrimos, que nuestros destinos no terminaban en el mar con el resto de gotas de agua, nosotros nos evaporaríamos con el calor, ascendiendo así a lo más alto del cielo.
La mañana que empezó todo me levante con un gusto agridulce en la boca, eran las siete de la mañana y tenía que ir a trabajar, como siempre...

No hay comentarios:

Publicar un comentario